miércoles, 27 de enero de 2016

MI TIGRE


Acá lo tienen, pueden verlo, tal vez  lo aprecien y conozcan más que yo misma.

No puedo decir que no sé de él , que ignoro su presencia, su estancia en mí, otrora.

 
No puedo ignorarlo simplemente porque se metió en un florero. ¿Pero cómo fué 

que llegó allí?


Este no es el otro tigre , el de Borges , fuerte, ensangrentado y nuevo. Este es el mío.


No se paseó por las márgenes del Ganges, ni llegó caminando de Sumatra o Bengala.


Aunque es cierto, no siempre estuvo encerrado. Lo recuerdo de cachorro,

indomable, caminando por los renglones de mi cuaderno de primer grado,

queriendo atravesar mis primeras letras.


O en el cajón de las medias, mordisqueando talones de zoquetes.


Robando las cucharitas de postre, en la cocina y rondando la jaula del canario.


Mi tigre sabía de travesuras, de engaños, de instinto salvaje mal disimulado.

De rasgar cortinas y tapizados. De rugirme entera, y sacudir mis terrores.


Será por eso que yo no pienso en un tigre.Lo mío es otra cosa, un saber que

 está allí, siempre al acecho, pronto a saltar. Hacia quién sabe dónde.

¿Qué debo hacer? ¿Dejar que siga siendo jarrón, aunque mire y me recuerde su

presencia, que se disimule entre las flores y la hierba bien pintada?


Es que no puedo saber qué hará cuando lo suelte.


¿Puedo soltarlo?


Mi tigre está hecho de palabras y de símbolos, pero también de miedos,


de iras sofocadas, de terrores disimulados.


Mi tigre cumple años y se está poniendo grande, ya casi no cabe su edad en el florero.
 

Necesita un árbol amplio donde guarecerse.


Mi tigre sí que tiene pasado  Y la duda está en el porvenir, y el instante…el instante se 

esfumó de él, como el rugido y la carrera.


Congelado para siempre en el florero, como queriendo irse, desconfiando.


No sabe de laberintos mi tigre, él quiere encontrar caminos, que lo lleven

de un lado a otro, hasta encontrar su lugar.


Y allí sentarse, apacible, a esperar la muerte un día.


Mi tigre tampoco es de sombras, y aunque tal vez sí, a mi alma esté llegando

la tarde, todavía veo lejos la noche.


Mi tigre es más bien luz, luz que enceguece.

Es mi confianza escondida, mi fuerza ancestral, mi poder innato, original,

venido de la sangre y de la historia, y de quién sabe qué orfandades y difuntos.


Y aunque a veces tengo miedo de él, no permito que mi mente lo olvide. No

permito que en mi corazón se seque la imagen de mi tigre, su rumor, su olor.


Todo está intacto en algún lugar, que no es el florero.


A la espera de la oportunidad

                                                                                                                    Patricia Saccomano





Foto de “Matcha Tiger” by Becca Stadtlander


















































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